martes, marzo 06, 2007
CONFESIÓN
Cuando era adolescente y luego durante algunos años más, en las fiestas aceptaba beber cada vez que me ofrecían champagne. Mismo sin gustarme.
Lo mío siempre fue el vino. Pero en aquellas épocas hubiera sido etiquetado como un borracho viejo.

Solía poner cara de esas-personas-que-aparecen-sonrientes-en-las-propagandas-de-Cinzano, pero tragaba el champagne como si fuera Ayudín.

Siempre detesté el champagne y lo oculté para no quedar como un pelotudo.

Ya no mas. Hoy soy reconocido como un gran tomador de buen vino.

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